1 de mayo de 2010

Brutal represión el 1° de mayo en Bucaramanga.


Desde que me gradué como abogado no me gusta el 1° de mayo, antes de eso se trataba de un día de compromiso y de fiesta,  en el parque donde arriba la marcha y se desarrollan los actos culturales que le siguen a los discursos que no los escucha nadie. Sin embargo desde que soy abogado ese es uno de los días con más trabajo del año. Las fuerzas represivas del Estado colombiano se dan gusto asesinando niños[1] y capturando a opositores políticos al régimen, ahí es donde se me daña la fiesta.
Resulta que a los pocos abogados del sector popular nos toca recorrer todas las mazmorras de la ciudad buscando a los retenidos, evitando torturas y documentando las respectivas denuncias que hay que interponer ante los gigantescos cúmulos de irregularidades y hasta delitos que cometen los cipayos de la policía. Por ende ya no hay fiesta ni carne asada a la llanera  ni nada…
Este año al igual que todos salí a la marcha y a diferencia del año pasado, no fui recibido inmediatamente llegué con una extensa lista de detenidos, así entonces fuimos avanzando y disfrutando de la fiesta mientras con una colega y amiga nos regocijábamos de poder hacerlo, lo único molesto hasta ese momento había sido el gas lacrimógeno que los policías lanzaron de manera indiscriminada como retaliación porque unos cuantos infantes, de los colectivos anarquistas, los habían sacado corriendo de la manera más humillante.
Pero fue hablar y se acabó la buena suerte, resulta que los represores habían prácticamente linchado a un adolescente que fue salvado por la valiente intervención de una manifestante, sin embargo ya le habían fracturado un brazo y su cara se hallaba ensangrentada, para sorpresa de todos, los policías acusan a este joven de una larguísima serie de delitos y proceden a leerle sus derechos como capturado, en Colombia los victimarios se trasmutan en víctimas con una facilidad increíble. Afortunadamente el pueblo colombiano, en especial el santandereano, siempre ha sido irreductible y como muestra de ello los manifestantes liberan mediante una heroica acción al herido, que también demostró gran ingenio en ese episodio.
En ese momento es definitivo que iba a pasar otro 1° de mayo movidito. Empiezan a rodar números y nombres de detenidos/secuestrados e inmediatamente los abogados empezamos con nuestra mentada ronda por las mazmorras, cuando al fin encontramos a la gente (alrededor de 30 jóvenes) ya allí se hallaban otros colegas que habían impedido cualquier tortura. Es entonces cuando descubro que la policía había procedido simplemente a “cazar” jóvenes peatones con aspecto de que hubiesen participado en la marcha, y claro, sin hallarse incurso en la ejecución de ningún delito y sin tener ninguna orden judicial. Ante esa tamaña grosería jurídica los represores accedieron a regañadientes a liberarlos.
Pero no crean ustedes amables lectores que estos agentes estatales simplemente aceptarían su error, no. En el momento en que los detenidos/secuestrados están saliendo a la libertad unos policías uniformados proceden a filmar a todos los abogados y defensores de los DDHH que allí estábamos. Esto pudiera ser algo inocuo en algún otro país, pero no en Colombia, acá en donde está más que demostrada la capacidad terrorista y criminal del Estado y donde sus fuerzas represivas actúan en conjunto con el paramilitarismo, cuando no ejecutan ellos mismos sus actos de terrorismo. Claro que todo esto se denunciará ante las instancias competentes, en particular las internacionales puesto que la mayoría de los allí presentes nos hallamos cobijados por medidas cautelares dictadas por la Comisión Interamericana de los DDHH, además las instancias nacionales por lo general son cómplices de los asesinos.
Superado entonces ese episodio, que se desarrolló paralelamente con la retención y liberación de otros muchos menores de edad, yo sigo con mi empeño de comerme mi carne asada reglamentaria del 1° de mayo. Con ello en mente retorno al parque donde continuaba la concentración, este se encontraba atiborrado de trabajadores, estudiantes y desempleados, había muchos bebés, niños pequeños y mujeres embarazadas; pero nada de eso valió a la hora en que los monstruos asquerosos de la policía empezaron a bombardear todo el parque con sus granadas de gas lacrimógeno. Repito que yo acababa de llegar y no supe si hubo algún tipo de provocación, pero lo dudo, me inclino más por su venganza frente a la vergüenza que pasaron frente al puñado de niños y de la cual ya hablé arriba.
Las escenas que siguieron fueron dantescas, lo que más me dolía eran los niños, algunos de ellos no encontraban a sus padres. Con ánimo de interlocutar, y olvidando que eso solo se puede hacer con seres racionales, varios nos dirigimos al contingente de policías. Fue un error. Cuando ya nos hallábamos cerca de los asesinos empiezan a disparar sus granadas de manera antirreglamentaria[2], o sea directamente a la humanidad de sus víctimas. Luego presencié un hecho que recuerdo con tristeza, consternación y rabia. Los policías fascistas impactaron con una de esas granadas a un estudiante de la UIS[3] que, repito, se acercaba también a dialogar con ellos. Este estudiante se hallaba a unos tres metros de mí, en ese instante yo me creí que estaba en Salvando al soldado Ryan y me fui a sacar a mi amigo de la primera línea de fuego, tarea en la cual conté con la colaboración de un extraño que ya considero mi hermano aunque puede que nunca sepa de quién se trataba. Luego, con un chorro de sangre saliendo de su rostro, el estudiante fue llevado a las urgencias de una clínica que afortunadamente queda en frente del parque donde se efectuaba la pacífica jornada popular.
Total que resulté almorzando pollo a las tres de la tarde y convencido de que el pueblo colombiano hará justicia con sus sanguinarios opresores y victimarios. También recordé algo que nos dijo Benedetti, la consternación pasa, la rabia queda.

[1] Recordemos el caso de Nicolás Neira.
[2] Los llamados Tru-fly se deben lanzar en tiro parabólico.
[3] Universidad Industrial de Santander.

PS: A mi más querida lectora le quedo debiendo el artículo sobre la Corte Europea de DDHH y su fallo sobre el sistema judicial y carcelario de Colombia, pero me sabrá entender. Además ese lo cuelgo la otra semana ;-)

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